Miami, FL, martes 8 de septiembre de 2026. Las historias de empresarios exitosos suelen contarse desde el final. Una buena idea, una compañía que crece, inversionistas que llegan y, finalmente, millones de dólares. Daniel Lubetzky, fundador de KIND Snacks e inversionista de Shark Tank, quiere mostrar la parte que normalmente desaparece de esas historias: los rechazos, productos fallidos, decisiones equivocadas y momentos en que abandonar parecía una alternativa razonable.
El empresario nacido en México está impulsando Build or Break y una exhibición denominada Art of Failure, iniciativas que exploran precisamente el papel que los fracasos han tenido en las carreras de emprendedores exitosos.
La idea resulta especialmente significativa viniendo de Lubetzky. KIND comenzó como una pequeña operación y terminó convirtiéndose en una marca global multimillonaria. Vista retrospectivamente, su trayectoria puede parecer inevitable. No lo fue.
EL ÉXITO CASI NUNCA ES UNA LÍNEA RECTA
Una de las ideas centrales de Lubetzky es que existe una tendencia a reconstruir las carreras exitosas como si cada decisión hubiera conducido naturalmente a la siguiente. La realidad empresarial es considerablemente más desordenada.
Su proyecto recoge experiencias de figuras conocidas como Barbara Corcoran y Kendra Scott para demostrarlo.
El caso de Corcoran es particularmente revelador. Antes de convertirse en una de las inversionistas más reconocidas de Shark Tank, inicialmente fue rechazada para participar en el programa. En lugar de aceptar la decisión, escribió una carta argumentando por qué debían darle la oportunidad de competir por el puesto.
La respuesta cambió su carrera.
La enseñanza no es que todo rechazo deba combatirse indefinidamente. Un empresario también necesita reconocer cuándo un producto simplemente no funciona o cuándo insistir significa continuar gastando recursos en una mala idea. La habilidad más difícil puede ser distinguir entre ambas situaciones.
UNA VENTAJA PARA LOS EMPRENDEDORES LATINOS
Lubetzky encuentra además una conexión entre esta filosofía y la experiencia de muchos empresarios latinos.
Características como resiliencia, creatividad, capacidad de trabajo y construcción de comunidad, sostiene, pueden convertirse en verdaderas ventajas competitivas.
Para muchos emprendedores inmigrantes, comenzar con menos recursos, adaptarse a otra cultura o construir una red profesional desde cero obliga precisamente a desarrollar algunas de esas capacidades.
Pero resiliencia no significa simplemente resistir.
La verdadera resiliencia empresarial consiste en aprender suficientemente rápido para cambiar aquello que no funciona sin abandonar necesariamente el objetivo principal. Algunas veces habrá que insistir; otras, modificar el producto, cambiar el modelo de negocio o comenzar nuevamente.
Esa puede ser la enseñanza más importante del proyecto de Lubetzky: el fracaso no garantiza el éxito y tampoco debe romantizarse. Solamente adquiere valor cuando produce aprendizaje.
Detrás de prácticamente cualquier gran empresa existen decisiones que salieron mal y oportunidades que desaparecieron. Lo que muchas veces distingue a quienes finalmente triunfan no es haber evitado esos momentos, sino haber sabido qué hacer después de ellos.








