Miami, FL., martes 8 de septiembre de 2026 (Por Eduardo A. Hapke/Negocios Magazine). Venezuela tiene algo que cualquier potencia energética desearía: alrededor de 300.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo. Sin embargo, poseer petróleo bajo tierra y conseguir que las mayores compañías del mundo inviertan miles de millones de dólares para extraerlo son dos cosas completamente diferentes.
Esa diferencia quedó expuesta en enero, durante una reunión en la Casa Blanca entre el presidente Donald Trump y ejecutivos de la industria petrolera. Darren Woods, chairman y CEO de ExxonMobil, describió entonces a Venezuela como un país actualmente “uninvestable” —no invertible— y sostuvo que serían necesarios cambios importantes en sus marcos legales y comerciales antes de comprometer capital.
Meses después, la situación vuelve a captar la atención de los inversionistas. Trump aseguró recientemente que Exxon se encuentra entre las compañías que terminarán entrando en Venezuela, mientras Washington impulsa una estrategia mucho más amplia para aumentar la participación estadounidense en los recursos energéticos venezolanos.
EL PROBLEMA NO ESTÁ SOLAMENTE DEBAJO DE LA TIERRA
Para Exxon, Venezuela tiene además una historia particularmente complicada.
La compañía perdió activos después de las nacionalizaciones impulsadas durante el gobierno de Hugo Chávez. Por eso, para una petrolera que debe comprometer capital durante décadas, la discusión no pasa únicamente por determinar cuánto petróleo existe, sino por saber qué protección tendrán las inversiones, cuáles serán las reglas contractuales y si esas reglas continuarán vigentes en el futuro.
A esto se suma otro problema: recuperar la capacidad productiva venezolana requerirá enormes inversiones.
Buena parte de la infraestructura petrolera necesita modernización y Venezuela produce principalmente crudo pesado, cuya extracción, transporte y procesamiento presentan mayores dificultades que otros tipos de petróleo. El país posee un extraordinario activo natural, pero convertirlo nuevamente en una gigantesca máquina exportadora puede requerir años y decenas de miles de millones de dólares.
POR QUÉ LOS INVERSIONISTAS DEBERÍAN MIRAR VENEZUELA
Aquí aparece la parte más interesante para los mercados.
Si las condiciones legales y comerciales cambian lo suficiente como para convencer a compañías como ExxonMobil, Venezuela podría convertirse nuevamente en uno de los grandes destinos mundiales de inversión energética.
Chevron ya está tomando una posición más agresiva: recientemente se conocieron planes para invertir alrededor de US$7.000 millones y aumentar su producción venezolana durante los próximos años. Otras compañías continúan evaluando oportunidades, aunque con mayor cautela.
Para Exxon, en cambio, regresar significaría evaluar una ecuación particularmente compleja entre reservas extraordinarias, riesgo político, seguridad jurídica, costos de reconstrucción y rentabilidad a largo plazo.
Y esa ecuación contiene una enseñanza empresarial que trasciende ampliamente al petróleo.
Un país puede tener recursos naturales, ubicación estratégica y enormes oportunidades de crecimiento. Pero el capital internacional necesita algo adicional: reglas previsibles y confianza en que las inversiones estarán protegidas.
Trump apuesta a que las compañías estadounidenses regresarán. Woods ha dejado claro que Exxon necesita primero condiciones que justifiquen ese riesgo.
Si finalmente Exxon cambia de posición, la noticia importante no será simplemente que una petrolera estadounidense vuelve a Venezuela. Será que una de las mayores compañías energéticas del mundo considera que el riesgo del país finalmente comenzó a ser invertible.








