Redacción/ Miami.
Existen ocasiones en las que los cambios de las compañías y de su estrategia tienen consecuencias entre los inversores. Incluso, salir a la bolsa puede ser perjudicial para los intereses de la compañía que lo hace. Es lo que ha ocurrido con Spotify que, tras su salida a la Bolsa, ha visto cómo las mayores compañías discográficas han decidido desvincularse de sus inversiones en la famosa red social musical.
La última en salir de Spotify ha sido la agencia global de sellos independientes, Merlin, que ha vendido todas sus acciones, algo que le ha reportado alrededor de 130 millones de dólares. Spotify mantenía un vínculo de contenido con estas discográficas, pero no únicamente poseían una relación de ese tipo. Hasta este momento todas las compañías discográficas tenían un porcentaje del capital social de la empresa sueca. Si sumamos todas esas acciones, el porcentaje alcanzaba el 18% del accionariado de Spotify (un 7% para Universal -5% suyo y 2% de EMI Music-, un 6% a Sony, un 4% a Warner y un 1% a Merlin).
Warner Music Group fue uno de los grupos que decidió salir del accionariado de la compañía de música sueca. El CEO de la Warner, Stephen Cooper, explicó cuando salió de Spotify que la decisión se debía a que Warner es «una empresa musical, y, por naturaleza, no la titular a largo plazo de acciones cotizadas en bolsa». Pero, «esto no tiene nada que ver con la visión que tiene la compañía sobre el futuro de Spotify que jugará un papel fundamental en el crecimiento y expansión del consumo de música vía streaming». Todo parece un conflicto de intereses.










